Manolo: Salí del Cursillo con una paz interior que no perderé nunca

Creo que muchas personas tienen una idea equivocada de lo que es el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Piensan que allí se va sólo a rezar y a darse golpes de pecho, y la realidad no es esa, de hecho, muchos de los que han subido a san Pablo habían tenido poco o ningún contacto con la Iglesia.

Posiblemente sea yo la persona que más excusas haya puesto a la hora de acudir a estos Cursillos de Cristiandad  porque pensaba que poco me podían aportar viniendo de una familia cristiana y habiendo estudiado en un colegio religioso, pues doce años con los HH. Maristas dan para mucho. Después de algo más de un año del cursillo “normal” y una “cocina” (de las grandes, por cierto) puedo afirmar con rotundidad que me equivoqué completamente. Las personas que me impulsaron, mis hermanos Ramón y Alfonso, y mi otro “hermano”, que aunque no lo es de sangre lo quiero como tal y no es otro que Rafael, debieron de insistirme más para que hubiese ido antes. La culpa, por tanto, es de ellos.

Cuando ves que hay personas que van a sacrificarse tres días a costa de su tiempo y su dinero para que tú hagas el cursillo piensas que estarán tremendamente convencidos de que merece la pena, pues de otro modo no se entendería, y así es. Quizás en apariencia no haya cambiado mucho y quienes me soportan a diario piensen que sigo siendo el mismo “cabrón” de antes, y a lo mejor tienen razón, pero sí que salí de allí con una paz interior que no perderé nunca, y a mí eso me vale.

Nunca he sido un “capillita” ni nada que se le parezca, y los que me conocen lo saben bien, pero “La película de nuestra vida” de la que nos habló el sacerdote que nos acompañó en el cursillo, D. Antonio, te hace ver que si ésta es perfecta, adelante, pero si queremos cambiar algo, quizás hoy sea un buen momento, pues ya lo dice el Evangelio: “Estad alertas porque no sabéis el día ni la hora”.

Manolo

Cursillo 1075

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