Las actitudes con las que debemos mirar el mundo

Cuando miramos la realidad tendemos a fijarnos antes en las situaciones de sufrimiento, catástrofes naturales, conflictos bélicos, el sufrimiento de tantos hermanos cruzando las fronteras, el hambre, el abuso de menores. Mirar a Cristo crucificado hoy para dejarnos interpelar en nuestra vida es parte de nuestra responsabilidad. Sin embargo, esa mirada debe ir acompañada de una serie de actitudes si no queremos caer en el pesimismo y la desesperanza.

Las cinco actitudes que os propongo se han extraído del documento de contemplación de la realidad que la Compañía de Jesús ha elaborado para preparar su proyecto de planificación apostólica, son las siguientes:

La gratitud debería estar siempre presente en nuestra sensibilidad ante la realidad. Hoy también es tiempo de gracia, y es necesario insistir en ello para no caer en miradas catastróficas a nuestro mundo. Hay mucho bien en nuestro mundo, en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia. Y, si bien ello no nos debe hacer caer en la complacencia, tampoco deberíamos caer en el extremo opuesto de ser únicamente testigos de calamidades Tendríamos que evitar caer en discursos catastrofistas o en la cultura de la queja (…).

La sabiduría es la capacidad de buscar profundidad. No conformarnos con eslóganes o modas. Tenemos el reto de poner nuestros talentos y nuestras instituciones al servicio del evangelio en este mundo. Pero para ello hace falta no racanear ni quedarnos en la superficie de la realidad. (…) porque vivimos en un mundo donde la reflexión se va dejando de lado, sustituida por la emoción y la llamada posverdad.

La profecía sigue siendo hoy necesaria. Hacen falta voces que denuncien, candiles que pongan luz en la realidad invisible de tantas personas hoy. Hacen falta testigos, capaces de valorar, con esperanza, lo que funciona, pero también denunciar, con valentía, lo que no. Y no es que no los haya. Hay profetas, y hay voces cargadas de razones y de esperanza. Pero, hay que apoyarlos y hacerse eco de sus llamadas. Y, ojalá, hay que sumarse a su profecía. No deberíamos conformarnos con ser cómodos en una sociedad acomodada. Hace falta recuperar el coraje.

Amplitud de miras. Hay una tensión que siempre va a estar ahí. El grano de trigo ha de caer en una tierra concreta para dar fruto. Esa es la mirada local. Al contexto y realidad específica a la que seamos enviados. Pero al tiempo estamos enviados a un mundo amplio, y no deberíamos perder de vista la realidad lo más amplia posible, que siempre devuelve perspectiva y nos ayuda a reubicarnos. Hoy, en este mundo global e interconectado, tenemos la posibilidad de una mirada universal y fraternal y de un trabajo en red para el que todavía necesitamos prepararnos.

Humildad. Contemplar la realidad es, en sí mismo, un objetivo entre ambicioso e imposible. La realidad es muy amplia. Y nuestras capacidades, son limitadas. Viene bien recordarse que esto es un bosquejo, una pintura incompleta, que otros, desde otras perspectivas, podrán enriquecer. Y recordarse también que esto no lo hacemos pretendiendo tener soluciones para cada problema descrito, sino como buscadores de cual haya de ser nuestro lugar y nuestra misión. He ahí una tensión necesaria, entre el reconocimiento de lo que es subjetivo, incompleto y limitado, en todo aprendizaje de la realidad, y sin embargo el mantener una sana ambición por conocer más, acertar más y profundizar más.

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