Elena: Llevaré al Señor allí donde viva, donde trabaje, donde estudie y donde me necesiten

Querido Padre, hoy he decidido hablarte a través de estas simples letras para contarte mi experiencia en el cursillo  1095.

Ese sentimiento de querer sentirte más cerca, más fuerte y agarrarte de la mano fue lo que, en un principio pensé, me dio ese impulso de querer participar en un cursillo de cristiandad.

Una mezcla de incertidumbre por no saber lo que me esperaba, nervios por no conocer a las personas que compartirían conmigo aquellos días, ilusión por saber que aprendería más de tí… Una mezcla de sentimientos se revolvían dentro de mí las horas previas a subir a la casa de cursillos.

Todos estos sentimientos se disiparon el primer momento que estuve frente a ti, frente al Sagrario. Incluso las razones por las que en un primer momento me impulsaron a ir cambiaron. Todos mis pensamientos se disiparon. Y allí me quedé. Frente a ti.

Tú fuiste el que me llevó allí, el que quiso que me quitase la venda y te viera de nuevo, sintiera tu abrazo en cada uno de los que me daban las maravillosas personas con las que compartí aquella experiencia de amor de Dios. De tu amor.

Gracias Padre. Gracias por elegirnos de nuevo en el día de María Inmaculada, nuestra madre, el gran ejemplo del Sí a ti. Gracias por todas las herramientas que se nos han regalado, por cómo el Espíritu Santo iluminó a aquellos que nos guiaron y acompañaron. Aquellos que nos mostraron diferentes formas de usar esas herramientas. Esas que hacen el mundo un poquito más alegre y de colores.

Ahora te espero Señor. Te espero en esta época de Navidad. Te espero como un Jesús vivo, como la gran muestra del Amor de Dios.

Te acojo en mi corazón y te llevo allí donde viva, donde trabaje, donde estudie y donde me necesiten.

Que tu luz nos envuelva y nos llene para prender e iluminar el mundo con tu Amor.

 

Elena.

Cursillo 1095

 

 

 

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Comentarios

  • Agustina
    19/01/2019

    Buenos días, me alegra leerte Elena y recordar mi paso por la Casa de San Pablo, la experiencia vivida en mi fue parecida pero no igual, para mi ir a San Pablo fue una escapada de la vida, de un año duro pero con esperanza, de un mes duro, muy duro hasta el extremo de pedirle a nuestro Padre que dejara descansar para siempre en sus brazos a mi hermana y así pasó, pasó a la media hora de pedírselo, estuve un mes viviendo mano a mano con Jesús, hablándole y desahogandome con él, EL me dio las fuerzas necesarias para continuar, siempre me las ha dado y a los 15 días entré en la casa de san pablo, para mi fue una desconexion total con el mundo diario y una conexión total con nuestro Padre, esos días cara a cara con él me hicieron comprender que jamás me había soltado de la mano y que aunque a veces yo intente soltarme de su mano Él no me deja, que la vida la tenemos que asimilar como nos venga con sus piedras y caídas, aunque sean muchas y nos causen sangre en el corazón y en el alma, pero cuando algún día me vengo abajo recuerdo mis minutos ante el sagrario y procuro visitarlo diariamente., él me da fuerzas cada día para levantarme y seguir queriendole.

  • Francisca Elena Perez Fernandez
    19/01/2019

    Gracias Elena por compartir tus sentimientos y hacérnoslos llegar.
    Dios te ha dado la facultad en alto grado de expandir a través de tus palabras el milagro de la Fe.
    De abrir tu corazón a quienes hemos tenido el gozo de experimentar la renovación de nuestra Fe, gracias a tomar un día, como tú, de hacer el Cursillo de Cristiandad.
    Jesús hace en modo maravillas.
    Soy del cursillo 1082 y espero abrazarte cualquier día .
    Muentras tanto, un fuerte abrazo de muchos COLORES.

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