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Palabra de Consiliario

Consiliario

Quieres volver a Galilea? Para volver a Galilea es necesario desandar caminos, volver atrás, no para retroceder sino para comenzar de nuevo. Volver a Galilea implica encontrarte con otros a los que también puedes invitar a un nuevo comienzo. No dudes que tú puedes ser un instrumento para que otros se unan a ti y, juntos, al Resucitado. Cuanto más unidos vivamos, más discípulos seremos.

Pero los caminos, también el de Galilea, no es para quedarse en ellos, sino para recorrerlos; no te preocupes si en el trayecto algunos no te hacen caso o no te creen; tú continúa. Lo importante es que tú no te detengas, y así puedas convertirte en signo, en vereda para que otros te acompañen. Jesús nunca se detuvo; Él dijo de sí mismo que era “el Camino”; y quien lo sigue llega hasta el Padre de la misericordia.

Recorrer caminos exige alimentarse; aliméntate cada día de la Gracia de los Sacramentos, sáciate, llénate para ti y para ir alimentando a otros que se quedaron sin fuerzas; al que tiene se le dará y le sobrará.

Sólo Jesús es el Camino, pero tú puedes ser una humilde senda para que otros encuentren el Camino. Procura tener un corazón limpio, porque los pecados son baches y piedras en los que pueden tropezar los demás o quedarse retenidos y atrapados. Que nadie note que ha pasado por ti para que encuentren y sólo alaben a Aquel que es el Camino.

Vuelve a Galilea, porque allí se comienza de nuevo. Procura que tu vida no sea, para ti ni para nadie, un camino que no lleva a ninguna parte, porque hay vidas que sólo hablan de ellas mismas y terminan en ellas mismas. Si tu vida se dirige a Galilea tú, y muchos, descubriréis que se puede llegar, desde allí, muy muy lejos… hasta los confines del mundo.

Manuel Sánchez

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