La Casa de San Pablo

El MCC en Córdoba dispone en Córdoba de una casa propia, la casa de San Pablo, situada en la zona de la sierra de Córdoba, con una localización inmejorable. En ella celebra sus Cursillos de Cristiandad, y numerosos actos de formación y convivencia a lo largo del año. La casa se construye entre 1962 y 1965, siendo el Cursillo 186 de la diócesis de Córdoba el primer cursillo que se celebra en San Pablo, del 1 al 4 de septiembre de 1965. La inauguración oficial, en abril de 1966, con el cursillo 200. La Casa de San Pablo fue diseñada por el afamado arquitecto Rafael de la Hoz Arderius.

Rafael de la Hoz

El origen

La necesidad de construir una casa propia surge en 1961, en la clausura del Cursillo 100, que se celebró en el salón de actos de la Universidad Laboral. Una Reunión de Grupo se plantea como “lío apostólico” la construcción de una casa para Cursillos de Cristiandad. Este proyecto se va extendiendo entre todos los cursillistas de Córdoba y provincia, que hacen suya esta idea, con ilusión y entusiasmo. De esta forma, colaboran muchas personas, aportando cada uno lo que puede: jornales, materiales, horas de trabajo, rifas, loterías, dinero… El arquitecto, conocedor de los Cursillos, diseña una casa pensando en la mejor disposición para tener una experiencia de encuentro con el Señor. Posteriormente, en 1986 se pone la primera piedra de otro ambicioso proyecto para completar las instalaciones del MCC en Córdoba: la construcción de un gran Salón de Actos para la celebración de las clausuras y una sala grande para las reuniones de la Escuela.

El edificio

El edificio de Cursillos se sitúa en la zona más elevada de una gran parcela de la sierra cordobesa, rodeado de vegetación y con preciosas vistas del entorno. Fue proyectado por los arquitectos Rafael de la Hoz Arderius y Daniel Sánchez-Puch en 1962. Su inauguración oficial se produjo en abril de 1966, con la celebración del cursillo 200. Desde la zona de aparcamiento hasta el acceso principal al edificio, se establece un recorrido ascendente, en recodo, al modo de Le Corbusier y su “Promenade”, que nos conduce a un porche de acogida bajo la prolongación de la cubierta, que sorprende    y    dirige    nuestra    mirada    a    la contemplación de la ciudad en la lejanía.

Distribución

El edificio se organiza según varios ejes perpendiculares entre sí que trazan los espacios de distribución en torno a patios, al modo que utilizara años antes Rafael de la Hoz en el Convento de las Salesas (1959), para dar luz y ventilación a las galerías que los rodean y ofrecer el verdor y sosiego de sus plantas. En el centro del conjunto, la Capilla, que configura el volumen principal, de forma trapezoidal, destaca sobre la cubierta del resto del edificio.

Conociendo las necesidades funcionales del Movimiento de Cursillos, Rafael de la Hoz establece diferentes áreas de uso con distinto grado de privacidad: junto al vestíbulo principal, la sala de charlas, el comedor, el patio principal; tras el comedor, la zona de “Cocina”, con sus dependencias complementarias y otro patio anexo; al fondo del conjunto, la zona de residencia, dispuesta en “L” con habitaciones diferenciadas en dos alas, para responsables y para cursillistas. La Capilla se sitúa en el centro, como elemento principal que articula y relaciona las tres zonas. La disposición de pequeños jardines entre los núcleos construidos, hace que el ambiente sea acogedor y la escala doméstica, en la misma forma que los empleara en el cercano Colegio Las Teresianas (1959).

Materiales y composición

Los materiales que se emplean son sencillos: muros de ladrillo blancos, cubierta de teja cerámica, solerías de baldosa roja, si bien se utiliza un lenguaje muy contemporáneo, en cuanto a la distribución, disposición de huecos, control de la luz, etc. Las vistas desde los recintos interiores  focalizadas hacia el  paisaje  circundante  nos recuerdan a los gestos buscados en edificios residenciales de la sierra cordobesa realizados años antes por el Arquitecto Rafael de la Hoz, como el Chalet Canals (1955) o el chalet Añón (1961). La Casa, a pesar de haber sido proyectada hace más de 50 años, sigue siendo de lo más “actual”.

La capilla

La Capilla se sitúa en el lugar privilegiado del edificio y se distingue del resto por su composición, sus materiales y su altura. La sección de su única nave es de forma trapezoidal. En los laterales, dos muros retranqueados recorren su zona inferior. Los materiales empleados aquí también se diferencian del resto:ladrillo visto color ocre y techo y muros superiores revestidos de finas lamas de madera de color cálido, paralelas a los muros laterales. La luz, que se proyecta hacia arriba desde la zona superior de los muros, parece que eleva el techo de madera, al igual que en el edificio escolar-conventual “Hijas de María Inmaculada” (1958). Todo elemento intencionadamente- invita al recogimiento y hace fijar nuestra atención en la zona del presbiterio, en la que encontramos el Crucificado, la Virgen y el sagrario, alojado en el propio altar.

El arquitecto: Rafael de la Hoz Arderius

Nació en Madrid el 9 de octubre de 1924. Era hijo del Arquitecto Rafael de la Hoz Saldaña. Pasó su infancia en Córdoba —ciudad en la que desarrollaría también su primera etapa profesional—. Hacia mediados de los sesenta, su estudio cordobés, fundado en 1920 por su padre, trabaja en toda Andalucía. Obtuvo una gran fama en el ámbito de la arquitectura, convirtiéndose en un referente y obteniendo el reconocimiento de los expertos. El estudio ha tenido dos sedes, la cordobesa, hasta mediados de los setenta, y la madrileña, a partir de esta década. Su hijo, Rafael de la Hoz Castanys, continúa su carrera profesional. Han recibido numerosos premios como el Premio Nacional de Arquitectura, en el año 1956 o, en el año 2000, la Medalla de Oro de la Arquitectura. Rafael de la Hoz Arderius muere en Madrid en el año 2000.