El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC)
Un Movimiento de Iglesia con un método de Evangelización propio.
El MCC en Córdoba
Un método propio de evangelización, inspirado por el Espíritu Santo, al servicio de la Iglesia

En el método del MCC se distinguen tres fases o etapas, inseparables e insustituibles: Precursillo, Cursillo y Poscursillo. Aunque el Cursillo es la fase más conocida e identificativa, las tres articuladas de forma armónica son igualmente importantes y sólo la aplicación adecuada de las tres posibilita y garantiza que se consiga la finalidad del Movimiento, ya que cada una tiene su objetivo concreto y su desarrollo propio.

Además de las tres fases, el método del MCC se caracteriza por una serie de rasgos esenciales, que lo definen: kerigmático, es decir, que se centra en la proclamación jubilosa de lo fundamental cristiano, hecha por testigos y con vistas a la conversión; es por tanto un método en el que el testimonio de vida compartido y las relaciones personales de la amistad son cauce fundamental para la experiencia religiosa, en el que se complementan la dimensión personal y la comunitaria. Por otra parte, como en todo método evangelizador, la oración y la celebración son pilares fundamentales, soporte de toda la vivencia y dimensión esencial de la experiencia cristiana.

La historia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad

Nacimiento del MCC

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad nació en España, concretamente en la isla de Mallorca, entre los años 1940 y 1949. Surge como fruto del trabajo, inquietud y esfuerzo apostólico de un grupo de seglares y sacerdotes que formaban parte del Consejo Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica (JAC) de Mallorca. En aquellos años se estaba preparando intensamente una gran peregrinación nacional de los JAC a Santiago de Compostela, que se celebraría en el año 1948. Se organizan diversas actividades en parroquias, entre ellas la celebración de “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”, dirigidos por miembros del Consejo Nacional de los JAC, y “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, dirigidos por miembros de los Consejos Diocesanos. En estos cursillos se percibe la posibilidad de desarrollar algo nuevo, algo que permitiera que el contenido esencial del cristianismo fuera captado en toda su intensidad incluso por quienes vivían al margen de la religión. Se lleva a cabo un arduo trabajo de búsqueda, de reflexión, de maduración del que, con la Gracia del Espíritu, va inspirando algo nuevo, que se concreta en lo que después se llamará “Cursillos de Cristiandad”, con rasgos de los cursillos anteriores, pero diferente por su enfoque, finalidad y sentido.

Iniciadores del MCC

Por tanto, en el inicio del Movimiento se vislumbra claramente la acción del Espíritu en un grupo de personas, que comparten una mentalidad y que comienzan a trabajar por una misma finalidad: vertebrar en cristiano el mundo, haciendo más cristianos a los hombres. Con un mínimo de organización y estructura, se va definiendo un método eficaz para conseguir la finalidad perseguida. En este grupo de iniciadores del Movimiento destacaron especialmente los laicos, guiados por Eduardo Bonnín Aguiló. Entre los sacerdotes, Mons. Sebastián Gayá Aguilera y D. Juan Capó Bosch. Y con ellos, el entonces Obispo de Mallorca Mons. Juan Hervás Benet.

Primeros pasos del MCC

En enero de 1949 se celebra el que se considera propiamente el primer Cursillo de Cristiandad, en el monasterio de San Honorato de Mallorca. Sólo en ese año se celebran 20 cursillos y en cinco años se llega al centenar. En ese periodo se va definiendo la eficacia evangelizadora de estos nuevos cursillos, se consolida la Escuela de Responsables, se perfilan los cauces de seguimiento en el post-cursillo (grupos y ultreyas), se crea el primer Secretariado diocesano; en definitiva, se va configurando claramente lo que es el Movimiento de Cursillos de Cristiandad como movimiento del Iglesia.

Salto a la península del MCC

El MCC nace con vocación universal y, partiendo de Mallorca, va a expandirse por todo el mundo. En primer lugar, penetra en la península en 1953 (Valencia). Tanto por iniciativas personales como por las actividades del Consejo Nacional de la JACE, el Movimiento va difundiéndose por diversas diócesis españolas. En 1955, con el traslado de D. Juan Hervás a la diócesis de Ciudad Real, y con la publicación en 1957 de la carta Pastoral “Cursillos de Cristiandad, Instrumento de Renovación Cristiana”, se produce un momento determinante para la aceptación del MCC y su difusión nacional e internacional.

Llegada a América del MCC

Desde España, el MCC salta en primer lugar a América. Numerosos laicos y sacerdotes que participaron del Movimiento en diversas diócesis de España, ilusionados con su potencial evangelizador, van trasladarlo, por diferentes medios, a los países de Latinoamérica. El primer país que recibió el MCC fue Colombia, a través de la AC, dónde se celebra el primer Cursillo fuera de España y el primer Cursillos de mujeres (1953). Muy rápidamente va llegando al resto de países y ya en 1963 lo encontramos prácticamente en toda América.

Expansión por Europa

En Europa, la diversidad de lenguas constituyó un problema para la difusión del MCC. Llega desde España, en primer lugar, a Portugal, Austria e Italia (1960), desde Austria a Alemania (1961) y posteriormente va apareciendo en otros países centroeuropeos y británicos (Irlanda, Inglaterra). Un nuevo impulso del MCC se produce cuando desde Austria, en 1974, se introduce en los países del Este de Europa.

Los inicios en Asia y África

En Asia se inicia en Filipinas, en 1962, donde llega desde Estados Unidos. En Australia comenzó en 1963, implantándose primero entre inmigrantes españoles y posteriormente, con ayuda de un grupo de cursillistas de Estados Unidos, en 1965, comenzó su desarrollo entre la población propia (en inglés). Desde Filipinas, donde el MCC se asentó vigorosamente, se introdujo en otros países asiáticos (Vietnam, Corea, Taiwán, Tailandia). Aunque de forma más limitada, el MCC también se ha iniciado en algunas zonas de África; se han celebrado cursillos en antiguas provincias de Portugal, como Angola y Mozambique, y en países como Tanzania, Nigeria, Rodesia, auspiciados desde Estados Unidos e Irlanda, Guinea, Benín y Togo.

El MCC se organiza

Simultáneamente a este proceso de expansión geográfica se va produciendo la “institucionalización” del MCC, es decir, la creación y consolidación de estructuras diocesanas, nacionales e internacionales. El primer paso es siempre la creación de los Secretariados Diocesanos, como la primera y más necesaria estructura organizativa, cauce para la vinculación con la Iglesia diocesana y con el Obispo. Los Secretariados Nacionales nacen también como consecuencia de la necesidad de coordinar y unificar la vida del MCC en un país, para mantener y desarrollar una misma identidad. El primer Secretariado Nacional se creó en Méjico, en 1961, después de la I Convivencia Nacional de ese país. A continuación, en 1962, el de Venezuela, España, Portugal, Brasil… En ese mismo año se crearon más de veinte Secretariados Nacionales. Además, se fue percibiendo la necesidad de conexión y coordinación entre los distintos Secretariados Nacionales y por ello se fueron celebrando, en distintas momentos y lugares, reuniones y encuentros internacionales de diversa naturaleza: latinoamericanos, europeos, de países de habla inglesa…. De estos encuentros internacionales surgen los Grupos Internacionales del MCC: Latinoamericano, Europeo, Asia-Pacífico y América del Norte-Caribe y el Organismo Mundial del MCC (OMCC), como “un organismo de servicio, de comunicación e información”, constituido por los Grupos Internacionales del MCC. En 2004, el Pontificio Consejo para los Laicos decreta el reconocimiento canónico del OMCC como “estructura de coordinación, promoción y difusión de la experiencia de los Cursillos de Cristiandad, teniendo carácter de persona jurídica privada” y “la aprobación del estatuto del susodicho organismo”.